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El futuro de la oncología en la práctica del presente

Agosto 28, 2018

“Es mucho más importante conocer qué clase de paciente tiene una enfermedad, que conocer  qué clase de enfermedad tiene un paciente.”

Caleb Parry. 18th  Century Physician, Bath

“Nosotros solíamos pensar que nuestro destino estaba escrito en nuestras estrellas. Ahora sabemos, en gran medida, que nuestro destino está escrito en nuestros genes.”

J.D Watson. Time Magazine 20 March, 1989

Desde los inicios de esta década, hemos avanzado de forma meteórica en el conocimiento de la biología molecular de la célula tumoral.  Nos estamos alejando y olvidando poco a poco de la célula propiamente dicha y nos acercamos mas aún a los genes. Podemos tratar una neoplasia de mama, de pulmón, de estómago o aún de páncreas exactamente igual si sus alteraciones genéticas son las mismas. Ejemplo de ello es la presencia del oncogen HER-2 o sobre expresión de neuregulinas-1 (NRG) en varios tumores que se benefician del tratamiento con trastuzumab.

Pero el avance no sólo se centra en la biología molecular, si no también en otros aspectos sumamente importantes. La prevención y detección precoz han jugado un papel esencial para la reducción de las tasas de mortalidad en prácticamente todos los tipos de tumores.

Avances  y cambios en la epidemiología, nutrición, estilo de vida, ejercicio, control del tabaquismo, salud físca y mental, etc., contribuyen a mejores tasas de sobrevida. La oncología integrativa se acerca a nuestra futura visión del tratamiento integral del paciente.

Tenemos mejores y más sofisticados métodos de diagnóstico por  medio de imágenes, tanto radiológicas como de medicina nuclear. Pedimos ahora, para diagnóstico, prácticamente sin inmutarnos, una resonancia magnética nuclear con tomografía por emisión de positrones (PET RMN).

En el día a día de nuestra práctica médica, se nos hace cada vez más difícil tratar  pacientes si no contamos con  un reporte completo de biopsia tisular; a partir de ésta, solicitamos los estudios de inmuno-histoquímica que verifiquen el reporte patológico, pedimos receptores, oncogenes, mutaciones y eventualmente pensamos en la posibilidad de solicitar biopsias líquidas si la muestra de tejido nos parece insuficiente. Esto es algo que discutimos con vehemencia con nuestros neumólogos, otorrinolaringólogos, cirujanos oncólogos, radiólogos intervencionistas o todo aquel médico involucrado en una toma de biopsia.

La cantidad de análisis genómicos es cada vez mayor, lo que nos sitúa en el concepto de medicina de precisión. El tratamiento preciso e individualizado de nuestro paciente es parte de nuestro futuro en la práctica clínica del presente.

Aún a pesar de que los pilares del tratamiento oncológico continúan siendo la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia y hormonoterapia, otros pilares han surgido con mayores índices terapéuticos, y lo más importante, con menores tasas de toxicidad, lo que nos permite su utilización, inclusive para tratamientos de mantenimiento a largo plazo. De estos nuevos pilares, dos son de suma importancia. La terapia blanco, dirigida a mutaciones específicas de las células tumorales ya es una realidad y cada día se descubren más mutaciones que puedan ser “atacadas” específicamente con moléculas diseñadas para tal efecto. El segundo, el más novedoso y esperanzador, es la inmunoterapia, siendo ahora la inmuno-oncología, un área de subespecialización oncológica  que crece de forma dramática. El concepto se basa en que podamos “despertar” a nuestro sistema inmune y que éste se encargue de destruir al tumor, lo cual es realmente fascinante. Nuestro sistema inmune es del orden de 1×10(18), tantas células como estrellas en la vía láctea, que tienen un armamento de destrucción espectacular (perforinas, granenzimas, citoquinas, etc.), y lo más importante: tienen memoria inmunológica permanente. Realmente todo esto suena sumamente alentador y destruye una gran cantidad de información pesimista, tan arraigada en nuestro medio, tanto en pacientes como, mucho peor, en nuestros propios colegas de otras especialidades.

Por último, debemos comprender que tal magnitud de información científica acumulada y presentada diariamente, deberá llegar a nosotros de una manera ordenada, simple, concisa, para que pueda ser asimilada y transmitida al diagnóstico y tratamiento de nuestros pacientes.  El desarrollo de la  informática es esencial para ello. Pronto nos valdremos de herramientas jamás pensadas, como por ejemplo IBM Watson Oncology, para poder, con ayuda de una alimentación de datos experta, tener todo el conocimiento científico posible, actualizado y usado en algoritmos computarizados de diagnóstico y tratamiento oncológico.

Mucho de esto que antes era sólo ciencia ficción, lo tenemos ya al alcance de nuestra práctica clínica. Tal vez con ello podamos modificar nuestro destino, como J.D Watson predijo tiempo atrás.

 

Dr. Luis M. Zetina-Toache

Hemato-Oncólogo

Cancer Consultants Guatemala

Presidente Asociación de Hemato-Oncología de Guatemala

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