Recientemente, en el servicio de oncología médica del hospital tuvimos una discusión académica acerca del papel de las sales de platino y el número ideal de ciclos neoadyuvantes (4 vs. 6) en cáncer de mama HER2 positivo en el contexto de un esquema basado en trastuzumab y pertuzumab. En poco tiempo, la discusión se convirtió (de forma respetuosa y en el buen sentido) en una mêlée o lo que futbolísticamente se conoce como una “cámara húngara”. En lo personal, nunca fui el mayor defensor del uso de sales de platino; igualmente, no me parece que se tenga evidencia irrefutable como para ser categórico en que todas las pacientes deben recibir 6 ciclos neoadyuvantes. Al menos, un meta-análisis y el estudio neoCARHP aportan información que sugiere que las sales platinadas no son esenciales.1,2 En cuanto al número de ciclos, esa es otra historia y otra discusión.
Independientemente de los razonamientos de ese día, la discusión me llevó a recordar que este año se cumplen cuatro décadas de la identificación del HER2 como un driver fundamental en cáncer de mama.
En el año de 1986, durante el congreso de la American Association for Cancer Research en Los Ángeles, California; el Dr. Dennis Slamon, en nombre de un equipo de investigadores presentó un trabajo de investigación acerca de la importancia en la amplificación del oncogén HER-2/neu en cáncer de mama; un año después, ese mismo trabajo se publicaría en la revista Science.3 Pocos, muy pocos de los que estuvieron en la presentación o que leyeron el artículo (oncólogos, investigadores o personal de la industria farmacéutica por citar algunos) entendieron en ese momento lo que acababa de suceder: se terminaba una época en la que el cáncer de mama se entendía y trataba como una sola enfermedad. La Belle Époque de la era de la quimioterapia, es decir, la época de una misma terapia sistémica para todos, finalizaba; ese año, inició la era de la terapia dirigida a un blanco específico. Al margen de la terapia dirigida, el concepto de mayor valor que cambió en esa época, fue el entendimiento del cáncer como una enfermedad diferente con biomarcadores diferentes, más allá del subtipo histológico. En alguna ocasión, hace muchos años, escucharía al Dr. Slamon decir (parafraseo y cito de memoria): “el cáncer de mama es un grupo de enfermedades diferentes, con tratamientos y pronósticos diferentes, lo único que tienen en común, es que se originan en la glándula mamaria”. Al día de hoy, eso suena a una obviedad; no obstante, no siempre fue así.
Quienes no vivieron esa época o desconocen la historia, podrían pensar que todo fue simple, es decir, se presenta y publica la importancia del HER2 e inmediatamente, se invierte dinero en estudios clínicos y de la noche a la mañana, aparece un boom de fármacos. No fue así, al contrario, en una época en que un tratamiento debía servir para tratar a todos los tipos con cáncer, la idea de una terapia limitada a un grupo seleccionado de pacientes era poco atractiva para las empresas. Será la insistencia (¿obstinación?) del Dr. Slamon en el HER2 como un blanco terapéutico de interés lo que permitirá el desarrollo de la primera terapia efectiva anti-HER2 (trastuzumab) y la subsecuente aprobación por la FDA en 1998. Doce años atrás, nadie podía imaginar que ese descubrimiento crearía el gigante biotecnológico Genentech/Roche.
Más allá de la identificación del HER2 (positivo, low, ultralow), el uso de trastuzumab, pertuzumab o trastuzumab-deruxtecan (ADC); lo sucedido entre 1986 y 1998/2001,4 fue un punto de inflexión que cambió la forma de entender y tratar el cáncer de mama.
Sin detrimento de las miles de personas que trabajan o han trabajado en la lucha contra el cáncer, en la historia de la oncología médica, existe una mesa simbólica reservada solo para unas cuantas personas, en esa mesa, están sentados los pilares de la oncología médica (v. g. Gianni Bonadonna o Sidney Farber). En mi opinión, solo existen dos oncólogos médicos vivos que pueden ocupar un lugar en esa mesa; uno, es el Dr. Dennis Slamon y el otro, el Dr. Lawrence Einhorn; ambos, personajes de culto, irremplazables y monolíticos.
Referencias:
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