En la película Sleeper de 1973, el personaje Miles Monroe (Woody Allen) es congelado (hibernación) por error después de ser sometido a una cirugía; pasados dos siglos, despierta en un mundo completamente desconocido para él, solo para descubrir, entre muchas otras cosas, que el sexo ha sido sustituido por una máquina que produce placer. En una de las escenas, Monroe dice (palabras más/palabras menos), en relación al sexo, que él prefiere las relaciones al “viejo estilo”.
Más allá de esta película de comedia, en la que los enamorados de la IA estarían completamente de acuerdo, o de la facilidad con la que mezclamos y usamos diferentes definiciones como si fueran sinónimos (sexualidad, salud sexual, derechos sexuales, etcétera), es un hecho que los oncólogos, en términos generales, no le damos la importancia necesaria a la sexualidad y la vida sexual de nuestros pacientes con cáncer; en la práctica, estamos enfocados en muchos otros asuntos (estadificación, factores pronósticos, biomarcadores, mecanismos de acción de los nuevos fármacos, estudios de imagen y/o moleculares, ensayos clínicos, tasas de respuesta, toxicidad, supervivencia global, supervivencia libre de progresión, etc.) antes que pensar en la sexualidad y la vida sexual de los pacientes.
Algunos datos que nos deberían hacer reflexionar acerca de cómo el cáncer afecta la vida sexual de los pacientes son: dos de cada tres pacientes con cáncer presentan algún tipo de disfunción sexual 1. El porcentaje de mujeres que califica como no satisfactorias sus relaciones sexuales antes del cáncer incrementó de 6.7% a 48% después del cáncer, mientras que en los hombres incrementó de 4.3% a 44%. El porcentaje de insatisfacción sexual se presenta en el 49% de los pacientes con un cáncer de órganos reproductivos y en el 35% de los pacientes con cáncer en órganos no reproductivos. La frecuencia de relaciones sexuales se afecta sustancialmente cuando se tiene un diagnóstico de cáncer; en pacientes que no tenían o raramente tenían relaciones sexuales antes del diagnóstico de cáncer, el porcentaje se incrementó de 11.9% a 52.5% en mujeres y de 13.1% a 41%. Las principales causas referidas en la modificación de la vida sexual son: resequedad vaginal, disfunción eréctil, cansancio, envejecimiento, sentirse poco atractiva(o), cambios corporales y dolor, entre otros. El 50% de los pacientes refiere decepción por pérdida de la intimidad, frustración, ira y tristeza 2. No podemos omitir que la mayoría de la información publicada en relación con la vida sexual y satisfacción en pacientes con cáncer se deriva principalmente de poblaciones occidentales, heterosexuales y cisgénero; mientras que la información en otras poblaciones, otras preferencias y países es insuficiente, lo que limita el entendimiento global del problema 3. Un aspecto llamativo es el hecho de que, en muchos de los estudios, el abordaje se enfoca principalmente en la persona con cáncer y, frecuentemente, no se hace un abordaje integral con la pareja (cuando aplique).
Las barreras que frecuentemente limitan el abordaje de la disfunción sexual son múltiples (culturales, sociales, etc.). Entre las razones más frecuentes se observa: desconocimiento del problema, “incomodidad o vergüenza” acerca de la vida sexual, la percepción de que la vida sexual es un tema secundario e incluso la falta de privacidad o espacios para abordar el tema. Si bien el manejo de la disfunción sexual es multidisciplinario y no necesariamente el oncólogo será el responsable, se recomienda que en todas las consultas se cuente con herramientas de cribado basadas en cuestionarios o preguntas que faciliten la detección temprana del problema para poder garantizar una referencia temprana al experto 4.
La sexualidad forma parte integral de toda persona y toda persona tiene derecho a la salud sexual. Cada vez que estemos frente a un paciente con cáncer, más allá del problema oncológico, pensemos en los once derechos sexuales a los que cada individuo tiene derecho: el derecho a la libertad sexual, el derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexuales del cuerpo, el derecho a la privacidad sexual, el derecho a la equidad sexual, el derecho al placer sexual, el derecho a la expresión sexual emocional, el derecho a la libre asociación sexual, el derecho a la toma de decisiones reproductivas, libres y responsables, el derecho a información basada en el conocimiento científico, el derecho a la educación sexual integral y el derecho a la atención de la salud sexual 5.
Sin duda alguna, el entendimiento de los problemas de sexualidad y salud sexual está subdiagnosticado en nuestro medio; en realidad, desconocemos la magnitud del problema. Apaguemos la IA por un momento, dejemos de pensar en los últimos artículos de esas revistas con el mayor factor de impacto (que tanto insomnio produce a muchos), dejemos la ciencia o los tecnicismos oncológicos de lado; seamos humanos, sentémonos por unos minutos con nuestros pacientes para ver cosas que están más allá de una curva de Kaplan-Meier.
Referencias
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