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A mediados de la década pasada, en una reunión a orillas del río Chicago, una joven francesa experta en economía de la salud me dijo, más con resignación que con molestia o sorpresa, que ella formaba parte de la primera generación en Francia, en la que los hijos tendrían un menor nivel de vida en comparación con sus padres o abuelos, situación que no ocurría desde la posguerra (unos 70 años). No hablaba de un asunto personal, se refería a la población de la Francia continental y los territorios de Ultramar (la Francia de Ultramar sería el término correcto); el famoso Estado de Bienestar europeo se había agotado en muchos sentidos y la salud pública no parecía ser la excepción.
En estos momentos de pandemónium informativo, con incontables aprobaciones de nuevos fármacos o extensión de nuevas indicaciones que irrumpen en una oleada académica “escandalosa y obscena” difícil de procesar, regresan a mi mente las palabras “la primera generación”. Me pregunto si esa frase es consistente con la realidad (Francia) que ella comentaba, es decir, ¿el acceso a nuevos tratamientos está restringido en las actuales generaciones?
Empecemos por lo obvio, por una realidad abrumadora que afecta a la mayoría de los pacientes y no podemos pasar por alto. Las personas con cáncer que viven en países con un sistema de salud “frágil y mal financiado” o inexistente, la normalidad son las limitaciones en el tratamiento; en el mundo, el 61% de los pacientes con cáncer carecen de acceso a las tecnologías básicas para el tratamiento y el 72% no cuenta con apoyos paliativos, esa es una realidad de la que no podemos ser indiferentes. En el otro extremo, los pacientes en países con sistemas de salud sólidos y fuertemente financiados, el acceso a tratamientos está garantizado para la población, o al menos así se considera. El punto de interés es conocer si el incremento sustancial en el número y costo de las nuevas opciones terapéuticas o pruebas moleculares contra el cáncer está permeando negativamente, como sucede en países con ingresos bajos/intermedios, limitando el acceso o, por así decirlo, degradando el llamado “Estado de Bienestar”.
Veamos algunos números acerca de los nuevos fármacos antineoplásicos o nuevas indicaciones aprobadas por la FDA (solo como referencia de datos, los Estados Unidos no se incluyen en el modelo de Estado de Bienestar) y EMA para entender parte de las dificultades asociadas al financiamiento de los tratamientos oncológicos en donde claramente hay un desfase entre el financiamiento (público o privado) y el tiempo de acceso a tratamientos.
Entre los años 2019 a 2024, la FDA aprobó 138 indicaciones o nuevos fármacos, mientras la EMA aprobó 124. Las aprobaciones se basaron en 190 estudios clínicos.
En el año 2025, la FDA aprobó 46 fármacos nuevos, de estos, el 35% son del área oncológica, es decir, 16 nuevos fármacos que no estaban disponibles previamente en el sector salud. En segundo lugar, pese a ser la primera causa de muerte (en los Estados Unidos se ubican los fármacos de cardiología con el 11%). Llama poderosamente la atención el estimado de ventas de pembrolizumab, el fármaco oncológico más vendido, con ventas por 32 mil millones de dólares en el 2025.
En relación al acceso y el peso del problema del cáncer en Europa, el reporte Comparator Report on Cancer in Europe 2025: Disease Burden, Costs and Access to Medicines and Molecular Diagnostics, ofrece datos de gran interés.
Entre 1995 y 2022 la mortalidad incrementó un 9% (la tasa pasó de 238 a 259 por cada 100,000).
Del gasto total en salud, el 6.6% se dedica al cáncer; en comparación con años previos, no se observan grandes cambios.
Los costos directos del cáncer en Europa son de 146 mil millones de euros anuales (228 mil millones incluyendo costos directos e indirectos). El costo por paciente se estima en poco más de 69,000 euros.
El análisis sugiere que en los últimos años se ha logrado mantener los costos de forma “estable”, gracias a la reducción de los costos derivados de los gastos hospitalarios.
La eficacia y distribución del gasto no es necesariamente homogénea (v.g. en una relación de casos nuevos/mortalidad y gasto per cápita se observa que Suiza gasta el doble que Suecia con una tasa de supervivencia similar (60% para ambas naciones).
El reembolso (acceso) a nuevos fármacos aprobados por la EMA es del 67% en Europa. De 30 países evaluados, solo 6 tienen una cobertura igual o mayor al 75%. Algunos ejemplos de países y su cobertura: Alemania 96%, Suiza 92%, Italia 83%, Dinamarca 75%, Francia 67%, España 63%, Reino Unido 56%, Suecia 56%, Noruega 44%,, Países Bajos 44%, Malta 0%.
Solo 5/27 países tienen aprobación sin restricciones y al menos 11/27 la mitad o poco más de la mitad tiene restricciones en el reembolso (acceso).
El tiempo promedio de aprobación de un nuevo fármaco para reembolso (acceso) es de 487 días (Alemania 93 días, Francia 540 días, Lituania 926 días).
A lo largo de una década, entre los años 2014 y 2023, de los 10 fármacos con mayor “gasto” en oncología, los cambios observados son sustanciales. De los 10 fármacos oncológicos con mayor gasto en el 2014, solo 1 se mantenía en la lista del año 2023, lo que describe de forma indirecta una evidente “transición terapéutica” de los últimos años. En el 2014, la quimioterapia representaba el 22% de las ventas de productos oncológicos, en el 2023, bajó al 6%. En la actualidad, la inmunoterapia representa el 29% de los gastos en tratamientos oncológicos.
Más del 90% de los países tiene cubierta la inmunohistoquímica; sin embargo, menos del 10% tiene pruebas de NGS (Next Generation Sequencing por sus siglas en inglés) siempre disponible para las principales neoplasias (v.g. Solo 3 países refieren tener “siempre disponible” una prueba de NGS en pacientes con cáncer de pulmón).
Esos son los números de las “nuevas generaciones”.
Dr. Fernando Aldaco Sarvide
Oncólogo Médico
Ciudad de México, México
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