A lo largo de los siglos, y hasta nuestros días, ha prevalecido el concepto utópico de un mundo ideal en donde la victoria de la razón sobre los defectos que nos hacen humanos forma parte de una idea romántica. Actualmente vivimos en un mundo de avances tecnológicos y “acceso a derechos” que eran impensables en el pasado. Durante muchos siglos se emprendieron diversas luchas “románticas” buscando tener una mejor sociedad, se tenía la esperanza de que los cambios anhelados llegarían tarde o temprano.
Una de esas luchas se relaciona con la igualdad de género y la posibilidad de un desarrollo igualitario entre todos. Pensar que la igualdad de género es una lucha que se inició con la actual generación es un error, solo basta con revisar todo aquello que no existía desde tiempos inmemorables y que hoy día algunos podrían pensar que siempre estuvo ahí. Por nombrar algunos ejemplos que parecerían irreales, podríamos decir que durante mucho tiempo las mujeres estuvieron limitadas en las oportunidades de acceder a una educación adecuada, ocupar espacios de alta dirección o dentro de un gobierno; no tenían permitido votar en las elecciones e incluso, lo que hoy día parece absurdo, no podían abrir una cuenta de banco.
¿Eso quiere decir que todo está bien? Evidentemente, no. Estamos a años luz de una situación mínimamente aceptable, aunque siempre se puede estar peor (como en Afganistán, por ejemplo), pero igualmente se puede estar mejor (como con la socialdemocracia en Europa). Cada institución, agrupación, grupo social o persona debe aportar algo para que la suma de cada esfuerzo se traduzca en un todo que cambie la situación actual y mantenga la esperanza de un mejor futuro.
En la Sociedad Mexicana de Oncología (SMeO) nos preguntamos durante la actual administración qué se podía hacer para reducir la brecha de género. Un análisis interno evidenció que, a lo largo de casi 70 años de existencia de la sociedad, 9 de cada 10 personas que ocuparon la presidencia eran hombres, se observó que un porcentaje mayoritario de las posiciones directivas en la sociedad eran ocupadas por hombres. Por el contrario, uno de los puntos positivos de la evaluación fue la ausencia de violencia de género al interior de la sociedad.
Identificar con mayor claridad y visibilizar el problema, así como generar las políticas necesarias para abordarlo y reducir la brecha de género fueron prioridad. Las acciones impulsadas en la actual administración para abordar ésta problemática fueron, principalmente, las siguientes:
El trabajo desinteresado por parte de las y los miembros de las comisiones, la presidenta del comité “Mujeres en oncología”, los asociados, la mesa directiva y todos aquellos interesados permitió que en estos dos años se diera inicio a cambios radicales y de gran valor al interior de nuestra sociedad en favor de la igualdad de género, esperando que este ejemplo sirva como catalizador dentro y fuera del campo de la oncología.
Dr. Fernando Aldaco Sarvide
Oncólogo Médico
Ciudad de México, México
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