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La práctica de la medicina en tiempos de internet

Octubre 5, 2018

Inicié mi consulta temprano; como oncólogo clínico que soy, esperaba una mañana complicada por el tipo de enfermedad a la que me enfrento y a la necesidad de interactuar adecuadamente con mis pacientes para que se sientan confortables y optimistas ante noticias no siempre muy alentadoras.

El primer paciente llegó con tres familiares (lo cual en lo personal no me molesta), entre ellos dos de sus nietas jóvenes quienes, preocupadas, me cuestionaron sobre lo que habían revisado la noche anterior en “el internet” sobre el cáncer óseo. Con paciencia traté de explicarles que su abuelito no tenía cáncer óseo, sino que eran “siembras a distancia” o metástasis óseas del cáncer de próstata, que usualmente se presenta de esta forma en etapas avanzadas de la enfermedad. Ellas quedaron contentas con mi explicación, pero seguramente fueron a revisar en “el internet” lo más reciente acerca del cáncer de próstata; lo cual, por supuesto, es comprensible debido a lo preocupante de la situación. Les aseguro, y no tengo duda sobre ello, que hay otros médicos a quienes les sucede lo mismo en sus diferentes especialidades. El problema sobre estas consultas es que en “el internet” existen páginas sobre cáncer u otros tópicos médicos tan poco actualizadas e incorrectas en sus conceptos que habría que quemarlas, y también a las computadoras para que no pudieran reproducirlas. “Un paciente sin un nivel de experiencia y conocimiento profundo de tópicos tan complicados no puede volverse experto en ninguna materia médica con una simple consulta cibernética”, pensé en ese momento.

La siguiente paciente llegó sola, pero bien acompañada con los 100 artículos más recientes sobre cáncer de mama y su tratamiento. El diálogo fue muy fluido y científico, pero su última pregunta me dejó totalmente sorprendido: ella había revisado todos los puntos del protocolo NSABP B38 (National Study Adjuvant Breast Protocol B-38), que yo le sugerí que siguiéramos para tratar de evitar una recaída en su cáncer de mama, diagnosticado recientemente. Me cuestionó sobre el porqué debía recibir tratamiento con quimioterapia si el protocolo mencionado no incluía pacientes con las características que ella tenía. “Excelente revisión”, le respondí, y afortunadamente nosotros habíamos participado en un protocolo similar en Guatemala y se hizo una enmienda final al mismo para incluir a pacientes como ella, información que no había revisado. Qué suerte tuve de estar perfectamente enterado sobre el tema de este caso en particular. Espero estar siempre tan bien actualizado para poder responder a tan inteligentes preguntas con otros pacientes.

Terminé la mañana sin olvidarme, por supuesto, de revisar y contestar, por respeto a mis pacientes, los infaltables “mails” y consultas a través de las “redes sociales”. Las consultas de dos pacientes las contesté rápidamente y, como siempre, no olvidé mencionarles que mientras más cortos los “mails”, más rápidas serán las respuestas. Otros correos incluían revisiones anónimas, pero “expertas en la materia”, de personas que escribían sobre el riesgo de contraer cáncer al comer azúcares; la ventaja de alcalinizar el cuerpo; el uso de desodorantes y el riesgo de cáncer de mama; la vacuna contra el cáncer descubierta en Cuba; el “milagro” de usar el alacrán azul o la uña de gato. Todo esto, además de revisiones sobre cáncer de universidades extranjeras reconocidas como John Hopkins, pero sin acreditación del autor o sitio de publicación, describiendo con argumentos sin sentido y sin respaldo bibliográfico, el riesgo mortal de la aplicación de quimioterapia, por ejemplo, y cómo las farmacéuticas ocultan “remedios infalibles” para todo tipo de cáncer, diabetes, asma, SIDA, etc.   Desafortunadamente, ciertos pacientes o sus familiares consideran estos datos como verdades absolutas, a veces por encontrarlas en internet y otras veces por estar escritas en inglés, y las trasladan a nuestros consultorios y en el peor de los casos a su propio diagnóstico y tratamiento. Entendemos, por cierto, independientemente de si se es médico o no, que hay que ser capaces de comprender que, si no somos expertos en determinada materia, debemos entonces consultar primero con aquellos que sí lo son y están certificados para serlo, y no tratar de digerir conocimientos complicados en una sesión nocturna de internet.

Luego, por supuesto, no me olvidé de ver las redes sociales, de revisar Whatsapp, Facebook y Twitter para no dejar de atender las consultas médicas e incluso ¡los resultados de mis pacientes enviados por estas vías modernas de comunicación! Qué tiempos aquellos en los que teníamos que preocuparnos más por lo que sabíamos que por estar actualizados constantemente, de la forma más científica posible, sobre datos estadísticos relevantes, asistir a conferencias locales importantes o a congresos científicos internacionales ¡y trasmitir todo esto verbalmente en la consulta o la receta del paciente! Actualmente tenemos que ser capaces de interactuar con la avalancha de datos que circulan libremente en internet, en donde seguramente nuestros pacientes se instruyen, se nutren y luego nos trasladan constantemente sus consultas, a las cuales tenemos que contestar de forma persuasiva e inteligente. Debemos prepararnos de alguna manera para tener la suficiente inteligencia emocional y paciencia científica para aventurarnos a la “nueva práctica de la medicina”: “la práctica de la medicina en tiempos de Internet”.

Les sugiero a mis colegas médicos que, si no son unos cibernautas aficionados, deberán sumergirse en el mundo de la “cibermedicina” y de las “ciberconsultas”, y que traten entonces, como muchos lo hacemos, de mantenerse actualizados las 24 horas del día e interrelacionarse con colegas y pacientes de una forma distinta a lo que para muchos de nosotros los médicos quisiéramos que fuera lo más importante: la relación médico-paciente y el contenido humano que esto representa.

En fin, no nos quejemos tanto… ¡Es el precio del progreso!

Dr. Luis Miguel Zetina-Toache

Hemato-Oncología Médica

Cancer Consultants Guatemala

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