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El cáncer en los tiempos del SARS-CoV2: Parte II

Mayo 6, 2020

A principios de la década pasada, en otra época y otro momento, un oncólogo médico originario del norte de México, miembro destacado de la clínica de cáncer de mama del hospital MD Anderson Cancer Center en Houston, comentó durante una visita académica para discutir casos clínicos en un hospital de la Ciudad de México: “yo nunca retraso un tratamiento adyuvante en cáncer de mama”. G. Bonadonna, personaje de culto de la oncología y su concepto de intensidad de dosis permanecen inmutables a lo largo de 40 años; sin embargo, en el momento actual, bajo circunstancias extraordinarias, en medio de un impase, nos vemos forzados a “estirar” al máximo las bases y conceptos de la oncología, una de las especialidades en donde el peso de la medicina basada en evidencia es fundamental.

La pandemia actual obliga a las instituciones de salud a desviar recursos económicos, técnicos, físicos y humanos con una celeridad pocas veces observadas, no puede ser de otra forma, el no hacerlo implica poner en peligro la vida de muchas personas, no es un asunto negociable. Algunos pacientes con enfermedades no graves en las que no está en riesgo la vida deberán esperar a que la pandemia ceda en su intensidad o serán referidos a otros centros hospitalarios para ser atendidos. Lamentablemente, el cáncer no firma armisticios ni conoce de pandemias. Como es del conocimiento de todos, las neoplasias son un amplio grupo de enfermedades heterogéneas con pronósticos y tratamientos casi tan variados como el mismo número de tumores existentes.

Algunas enfermedades oncológicas pueden tener un abordaje terapéutico eficaz y poco agresivo o incluso, un retraso en su tratamiento sin repercusiones; en la antípoda, están aquellos pacientes con cáncer que requieren de forma urgente e inaplazable un tratamiento agresivo. Definir con claridad la frontera entre pacientes que pueden esperar o recibir un tratamiento poco agresivo versus aquellos que no pueden esperar puede ser fácil en un número limitado de pacientes o neoplasias. El problema está en una amplia zona gris en donde no está del todo claro el impacto en retrasar, suspender o modificar un tratamiento. Nos enfrentamos a una situación inesperada con poca información; quizás, por primera vez, los que trabajamos en países con limitantes y restricciones en nuestros sistemas de salud contamos con una mayor experiencia en este tipo de asuntos.

Las acciones implementadas con el objetivo de reducir el riesgo y/o complicaciones de una infección por SARS-CoV2 en pacientes con diagnóstico de cáncer y candidatos a tratamiento, se basan principalmente en: retrasar tratamientos oncológicos cuando sea factible, limitar al mínimo las visitas hospitalarias, aislamiento, incrementar los tratamientos ambulatorios, evitar esquemas inmunosupresores o agresivos y usar todas las medidas de profilaxis disponibles. Algunas situaciones son de fácil administración; por ejemplo, la hormonoterapia en cáncer es de manejo ambulatorio y las citas de control pueden ser diferidas a mejores momentos o, las infusiones de 5-fluorouracilo, pueden ser sustituidas por un carbamato de fluoropirimidina como es la capecitabina.

En el otro extremo tenemos tratamientos que, al ser modificados o diferidos, podrían potencialmente modificar el pronóstico como sucede en pacientes con cáncer de pulmón metastásico sin biomarcador driver candidatos a quimioterapia, melanoma avanzado, pacientes con cáncer de mama de alto riesgo candidatas a quimioterapia adyuvante con pocos días de margen para no perder el beneficio de la adyuvancia o una leucemia agresiva solo por citar algunos ejemplos. Existe un amplio grupo de pacientes que requieren de tratamiento intensivo en los cuales no es factible el retraso o no existen alternativas menos agresivas, en este grupo de pacientes no podemos ser dubitativos; si no iniciamos un tratamiento a la brevedad, para cuando termine la pandemia, ellos serán los que no tendrán una segunda oportunidad (de acuerdo a GLOBOCAN, cada año mueren en promedio 9.5 millones de personas por cáncer en el mundo; será imperativo revisar los datos del año 2020 y determinar el impacto del COVID-19 en la mortalidad por cáncer asociada a retraso, suspensión o modificación en los tratamientos). Por este grupo vulnerable, es por el que debemos luchar para tener los espacios y recursos necesarios para ofrecer en el tiempo indicado el tratamiento apropiado sin que eso signifique quitarle un espacio a un paciente COVID-19 (no debe ser un asunto mutuamente excluyente), si nosotros no pelamos por eso, nadie lo hará.

Sobre la colina Mamáyev Kurgán en Volgogrado, se levanta de forma monumental la estatua de “la madre patria”; pocas obras podrían ser utilizadas para ejemplificar de mejor forma el llamado de la medicina a la lucha y sacrificio que los trabajadores (médicos, enfermeras, técnicos, camilleros, personal de nutrición, vigilancia, limpieza, etc.) a lo largo del mundo están realizando durante esta reyerta contra el SARS-CoV2. Ellos, los que están en la primera línea, son los que merecen tener su propia colina.

Dr. Fernando Aldaco Sarvide
Oncólogo Médico
COVID-19Fernando AldacoSARS-CoV 2

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