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Oncología, la asignatura académica pendiente

Julio 23, 2020

En México, el cáncer es la tercera causa de muerte y no se espera un cambio epidemiológico sustancial a mediano plazo. Por increíble que parezca, en muchas de las universidades de este país la materia de oncología no forma parte del plan de estudios; en otras, es una materia optativa, y en las menos, es una materia obligatoria para poder titularse como médico general. Llama la atención que, para más de una institución de enseñanza superior, el cáncer no sea un asunto de interés primordial en su plan de estudios. Dejaremos de lado las excusas burocráticas/administrativas de las universidades para crear espacios propios dedicados a la enseñanza de la oncología, para enfocarnos en las medidas alternativas con las que se ha tratado de cubrir este hueco académico existente desde hace varias décadas.

Uno de los argumentos a los que se recurre con mayor frecuencia para justificar la ausencia de la oncología como materia obligatoria es la inclusión del cáncer en diversas materias clínicas; es decir, por citar algunos ejemplos, en la materia de ginecología, independientemente de las clases de embarazo, sangrado disfuncional, etc.; el programa incluye temas como cáncer de mama, de cuello uterino, endometrio y ovario; en la materia de gastroenterología se incluye cáncer de estómago, páncreas, etc., y así sucesivamente en todas las asignaturas a lo largo de la carrera. Esta visión, limitada desde mi punto de vista, está equivocada; si un área de la medicina se ha desarrollado de forma vertiginosa, es el estudio del cáncer, e independientemente de los conocimientos acumulados, la visión de un oncólogo sobre el cáncer es completamente diferente a la que puede tener un médico no oncólogo. Esto no quiere decir que no exista el trabajo complementario, en equipo o que los no oncólogos estén limitados en sus conocimientos.

Una diferencia primordial es el hecho de que un oncólogo está pensando todo el tiempo en cáncer, por su cabeza no pasa la idea de tratar enfermedades no oncológicas, como pude ser una hipertensión arterial sistémica, diabetes o dislipidemia; a diferencia, por ejemplo, de un gastroenterólogo, quien podría tener conocimientos del cáncer de estómago (sin una visión y criterios oncológicos), pero igual está pensando en una enfermedad ácido-péptica, un colon irritable o una hepatitis. No debemos tomar esto como algo negativo, igual se podría decir que los oncólogos no estamos capacitados para tratar, por ejemplo, una hepatitis B. Por el otro lado, nadie esperaría que la materia de infectología fuera impartida por otros especialistas de acuerdo con el sitio afectado (neumonías por el neumólogo, faringoamigdalitis por un otorrinolaringólogo, cardiopatía isquémica por un internista y así sucesivamente). La oncología es una especialidad celosa que no permite médicos de medio tiempo.

Es poco probable o difícil de pensar que un no oncólogo pudiera transmitir a sus alumnos de la carrera de medicina conceptos como son las mutaciones driver, la secuenciación de siguiente generación, vías moleculares, principios de inmunoterapia, inestabilidad microsatelital, diferencias entre irresecable e inoperable, criterios de respuesta, etcétera. No estoy tratando de decir que un médico general deba tener los conocimientos de un oncólogo, pero sí debe tener claros los principios generales. Conceptos como la biología molecular, mutaciones accionables, secuenciación masiva de siguiente generación o la inmunoterapia, entre otros, son el presente de la medicina de alta especialidad y el futuro de la medicina general a mediano plazo.

Si bien, en general, todos los oncólogos creemos que la oncología como materia clínica debe formar parte de la carrera de medicina, no todos comparten necesariamente mi visión de lo que se debe enseñar. En el año de 2018 tuve el honor de ser invitado como parte del cuerpo académico de mi alma mater al ser nombrado profesor titular de la materia clínica de oncología en la carrera de medicina. Esta misma materia que cursé hace muchos años en mi universidad no podía ser la misma o tener los mismos conocimientos que hace dos décadas, los tiempos habían cambiado radicalmente. La clase se programó en la universidad de forma ambiciosa, mi programa académico incluyó conceptos generales de oncología, pero igualmente se habló de biología molecular, inmunología, vías moleculares, epidemiología del cáncer, mutaciones accionables, NGS, farmacología de tratamientos oncológicos, conceptos básicos de estadística para entender una publicación; se programaron visitas al hospital para realizar prácticas clínicas; se revisaron artículos oncológicos; se invitaron expertos en diversos tumores, en radioterapia, en oncología pediátrica y cirugía robótica en cáncer, con el objetivo de ofrecer una visión amplia y moderna de la oncología. Fue interesante ver cómo algunos de mis colegas no compartieron una enseñanza tan “profunda” de la oncología y para mi sorpresa, varios de mis alumnos consideraron la materia como demasiado compleja y difícil.

El grado y la profundidad en que la oncología debe ser enseñada durante la carrera de medicina es un asunto que puede ser debatido, sin embargo, es inaplazable la inclusión de la oncología como parte de las materias obligatorias durante la carrera de medicina. Esto debería ser exigido tanto por los oncólogos como por los alumnos, a quienes se les está ofreciendo una formación limitada desde el punto de vista oncológico. El tiempo dirá.

 

Dr. Fernando Aldaco Sarvide

Oncólogo Médico

Fernando AldacoOncología

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