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Mortalidad por cáncer y pandemia

Marzo 16, 2021

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (https://www.inegi.org.mx), las muertes por cáncer en México durante el año 2019 fueron las siguientes: 96,976 casos con una tasa de 76.3 (tasa por cada 100,000 habitantes, no ajustada con proyecciones poblacionales de la CONAPO). Las principales causas de muerte fueron: cáncer de mama 7,580 casos (tasa de 11.5), cáncer colorrectal 7,096 casos (tasa de 5.5), cáncer de pulmón 6,943 casos (tasa de 5.4), cáncer de próstata 6,927 casos (tasa de 11.2), cáncer de hígado 6,884 casos (tasa de 5.4) y cáncer del cuello uterino 4,023 casos (tasa de 6.1). Estos y otros datos servirán para que podamos hacer las primeras comparaciones y evaluar los efectos de la pandemia, no solo en México, sino a nivel mundial. La expectativa acerca del impacto del COVID en la mortalidad por cáncer no parece ser muy positiva.

Es innegable el impacto de la infección por SARS-CoV-2 en todos los ámbitos a nivel nacional e internacional, las secuelas de este “tornado” serán visibles durante mucho tiempo, aun cuando la infección logre ser controlada. Dos aspectos de gran interés para quienes trabajamos en el área de oncología deben ser contemplados: por un lado, la necesidad de contener y controlar los efectos devastadores de la enfermedad obligó a una reorganización en la operación de los servicios, dando prioridad al COVID, la reconversión de las unidades médicas a hospitales COVID creó un escenario de alto riesgo para los pacientes con otro tipo de patologías; esta reorganización incluye la asignación de grandes cantidades de presupuesto a las áreas COVID en detrimento de pacientes con otro tipo de enfermedades igualmente graves – como el cáncer, entre otras – que no pueden esperar a una atención en tiempos mejores.

En el otro extremo, la crisis económica y los tiempos de recuperación son un elemento grave que podría limitar durante los próximos años la asignación de recursos económicos, con las subsecuentes repercusiones en la atención dentro del Sistema de Salud, principalmente fuera del COVID. El desplome de la economía y, por lo tanto, la caída de los ingresos y la capacidad para financiar el Sistema de Salud debe ser contemplado con seriedad. Como sucede en los tiempos de conflagración, donde se activa a una economía de guerra, pasamos en esta ocasión a una economía de pandemia. La recuperación llevará años, si no es que toda la década, esto significa menores recursos económicos en la atención de pacientes.

En el momento actual estamos pasando por una emergencia internacional para la cual no estábamos preparados, se debieron tomar decisiones de forma rápida con los subsecuentes errores y aciertos. Me preocupa la situación actual y las deficiencias a las que nos hemos enfrentado en los últimos meses; sin embargo, uno de los aspectos que deberían ser inquietantes y de mayor preocupación son los potenciales escenarios de atención a pacientes con cáncer a mediano plazo. Una potencial crisis oncológica durante los próximos años podría estar en ciernes. Uno de los riesgos visibles que podría permanecer es una disminución en la capacidad de atención y en el presupuesto oncológico al pasar a ser una patología “no prioritaria”.

La aparición de las vacunas y su aplicación disminuirá la presión al Sistema de Salud en cuanto a la saturación de pacientes; sin embargo, una gran cantidad de recursos serán reasignados para el control de la pandemia por mucho tiempo. En un escenario favorable, donde la población sea vacunada y la pandemia esté controlada en un tiempo aceptable, no significará que todo volverá a los tiempos previos (es probable que una reorganización permanente de la forma en que trabajan los sistemas de salud suceda en mayor o menor grado).

Cómo impactará este escenario a mediano plazo es difícil de predecir con certeza. De forma hipotética, es probable que tengamos una restricción presupuestal que se podría traducir en una menor inversión en infraestructura, saturación de los hospitales, restricciones en la contratación de personal, retraso en los programas de prevención y detección temprana del cáncer, retrasos en el diagnóstico y referencia de pacientes o acceso limitado a fármacos o tratamientos de cualquier tipo contra el cáncer. Otro de los aspectos por evaluar a mediano plazo será la asignación de recursos por parte de las empresas farmacéuticas en la producción de vacunas o tratamientos contra el SARS-CoV-2, la producción para cubrir un mercado que incluye a todo el mundo requiere de una economía de escala, es decir, ¿se destinará una menor inversión a la investigación contra el cáncer?

El análisis de los datos de mortalidad durante el año 2020 y los años subsecuentes nos permitirá tener una mejor visión del problema (la evaluación del impacto real de la pandemia en todas las áreas, incluyendo los servicios de salud, llevará mucho tiempo, será un trabajo lento). De forma preliminar, algunos estudios sugieren que la mortalidad por cáncer incrementará, esta tendencia debe ser monitorizada de forma rigurosa, ya que el efecto se podría observar durante varios años. En nuestro país, los datos de mortalidad por cáncer del año 2020 estarán disponibles hasta finales del 2021 o el primer trimestre del 2022 (existe un desfase cercano a un año), por lo que no podremos obtener información o conclusiones acerca del impacto inicial de la pandemia de forma temprana. Espero que estos escenarios de riesgo sean solo una mala interpretación personal de la información disponible, pero esto no debe evitar la evaluación de potenciales escenarios de riesgo, así como el desarrollar planes de contención y respuesta por parte de los responsables de la planeación en la atención de pacientes con cáncer.

Dr. Fernando Aldaco Sarvide

Oncólogo Médico

Ciudad de México, México

cáncerFernando Aldaco SarvideOncologíapandemia y cáncer

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