
El Dr. Luis Alfonso Romero, oncólogo médico en León, Guanajuato, comparte su experiencia clínica y visión sobre el papel emergente de los anticuerpos conjugados (ADCs) dirigidos a TROP2 en el manejo del cáncer de mama metastásico con receptores hormonales positivos y HER2-negativo, un escenario terapéutico que continúa representando un reto para los oncólogos.
El doctor explica que, una vez que las pacientes progresan a las principales líneas de terapia endocrina disponibles, las opciones se vuelven limitadas. En esta etapa, el equilibrio entre eficacia, tolerabilidad y calidad de vida se vuelve crucial1.
Tradicionalmente, la quimioterapia ha sido la alternativa más utilizada, aunque su beneficio suele ser modesto: los tiempos a la progresión se sitúan entre tres y cuatro meses, con tasas de respuesta objetivas de apenas 20 a 30%, y una calidad de vida que tiende a deteriorarse conforme avanza el tratamiento.
Frente a este panorama, los anticuerpos conjugados han transformado el abordaje de la enfermedad al ofrecer una combinación de mayor eficacia clínica y un perfil de toxicidad distinto al de las terapias citotóxicas convencionales. El Dr. Romero recuerda que, en el subgrupo de pacientes con expresión baja de HER2, trastuzumab deruxtecan ha marcado un cambio de paradigma2. Sin embargo, una proporción significativa de pacientes no expresa HER2, por lo que se han explorado nuevos blancos terapéuticos, entre ellos TROP2, un receptor transmembrana presente en hasta el 70–80% de los casos de cáncer de mama4.
En este contexto, los ADCs dirigidos a TROP2 han demostrado resultados prometedores. Dos estudios fase III han aportado evidencia sólida: TROPiCS-02, con sacituzumab govitecán3, y TROPION-Breast01, con datopotamab deruxtecan4. Ambos mostraron superioridad frente a la quimioterapia estándar (capecitabina, paclitaxel, vinorelbina, gemcitabina o eribulina), al duplicar el tiempo a la progresión de alrededor de cuatro meses en el brazo control a seis u ocho meses con el ADC y al incrementar las tasas de respuesta objetiva hasta el 50–60%, frente al 20–30% con quimioterapia convencional.
Además del beneficio en eficacia, el Dr. Romero destaca que las pacientes tratadas con anticuerpos conjugados experimentan una mejor preservación de la calidad de vida, retrasando el deterioro funcional asociado al tratamiento citotóxico. En cuanto al perfil de seguridad y la posología, enfatiza que sacituzumab govitecán3-5 se administra los días 1 y 8 de cada ciclo de tres semanas y se asocia principalmente con eventos adversos gastrointestinales y hematológicos; mientras que datopotamab deruxtecan4 se administra cada 21 días y presenta toxicidades más relacionadas con mucosas y eventos oftalmológicos.
El doctor concluye que, con la incorporación progresiva de los ADCs a la práctica clínica, el momento en que las pacientes sean candidatas a quimioterapia podría redefinirse. En su opinión, el verdadero desafío radicará en identificar qué pacientes se benefician más con cada agente y en qué etapa del tratamiento, lo que permitirá ofrecer terapias más personalizadas, eficaces y con mejor calidad de vida.
Referencias:
Gracias al apoyo educativo sin restricciones de AstraZeneca México.
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