
El Dr. Raúl Medina, adscrito al Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Manuel Velasco Suárez” en la Ciudad de México y reconocido especialista en neurología cognitiva y trastornos del movimiento, compartió recientemente algunas novedades relevantes en el ámbito de las enfermedades neurodegenerativas.
Uno de los puntos destacados fue la publicación de nuevas guías internacionales para la clasificación de la enfermedad de Alzheimer, las cuales incorporan biomarcadores diagnósticos que permiten una detección más temprana y precisa1˒2. Tradicionalmente, el diagnóstico se basaba en la clínica y en estudios de neuroimagen, lo que en muchos casos conducía a diagnósticos incorrectos tras la confirmación histopatológica. Actualmente, gracias a biomarcadores en líquido cefalorraquídeo y plasma ya disponibles en México es posible identificar la enfermedad en fases más tempranas, facilitando la implementación de intervenciones oportunas2.
El especialista también destacó la reciente aprobación de dos terapias modificadoras de la enfermedad en Estados Unidos: lecanemab y donanemab. Aunque no representan una cura definitiva, abren una nueva etapa en el abordaje terapéutico. Estudios de seguimiento publicados en JAMA Neurology han mostrado que sus efectos adversos son menos frecuentes y severos de lo inicialmente reportado en los ensayos clínicos3. En México, ambos medicamentos se incorporaron en 2025, representando una opción novedosa para pacientes seleccionados cuidadosamente.
En cuanto a los trastornos del movimiento, el Dr. Medina señaló la publicación de nuevas guías diagnósticas para la hidrocefalia normotensa, basadas en un metaanálisis liderado por el Dr. Alberto Espay. La estandarización de pruebas, como la punción lumbar, permitirá mejorar la calidad de los ensayos clínicos, optimizar el desarrollo de fármacos y homogeneizar los criterios diagnósticos4.
Finalmente, comentó sobre la actualización de los criterios de demencia vascular, publicada en septiembre de 2025 en JAMA Neurology. A diferencia de los lineamientos previos (VICS2, 2018), los nuevos criterios integran información no solo clínica, sino también proveniente de familiares y cuidadores, lo que contribuye a un diagnóstico más integral y preciso de los distintos dominios cognitivos afectados5.
En conclusión, estos avances reflejan un progreso significativo tanto en la detección como en el manejo de las enfermedades neurodegenerativas. La incorporación de biomarcadores1˒2, nuevas terapias3 y criterios diagnósticos más completos4,5 no solo enriquecerán la práctica clínica, sino que también abrirán la puerta a mejores ensayos clínicos y a una atención más eficaz para los pacientes.
Referencias
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