
- Los biomarcadores (receptores hormonales, HER2, PD-L1, Ki-67, BRCA, ESR1) son esenciales para la estratificación y la toma de decisiones terapéuticas en cáncer de mama.
- La vía PI3K/AKT/mTOR, alterada en ~50% de los casos (PI3K ~40%), desempeña un papel clave en la resistencia endocrina.
- La inhibición de AKT ha emergido como una estrategia terapéutica eficaz en enfermedad avanzada.
- Ensayos como el CAPItello-291 muestran ~50% de reducción del riesgo de progresión y un beneficio de ~7.3 meses en mSLP.
La Dra. Georgina Garnica, oncóloga médica adscrita al Hospital General de México, comparte su perspectiva clínica sobre la relevancia de los biomarcadores en cáncer de mama y su papel fundamental en la toma de decisiones terapéuticas personalizadas.¹⁻²
Durante su exposición, la Dra. Garnica enfatiza que la biomarcación ha permitido una subclasificación más precisa de los tumores, particularmente a través de la determinación de receptores hormonales y HER2, lo cual ha facilitado una mejor comprensión de la biología tumoral, su evolución y el desarrollo de terapias dirigidas.¹ En subtipos específicos como el cáncer de mama triple negativo, destaca la importancia de biomarcadores como PD-L1, mientras que Ki-67 continúa siendo un factor pronóstico relevante.²
Asimismo, resalta el papel emergente de biomarcadores genéticos clave en la práctica clínica actual, como las mutaciones en BRCA, alteraciones en la vía PI3K/AKT/mTOR y mutaciones en ESR1, los cuales permiten optimizar la selección de tratamientos, particularmente en escenarios de progresión de la enfermedad.³ La Dra. Garnica subraya que la evaluación de la sensibilidad endocrina es esencial, ya que la resistencia primaria se asocia con un peor pronóstico, haciendo indispensable identificar sus mecanismos subyacentes.4,5,6
En relación con la vía PI3K/AKT/mTOR, se destaca su relevancia en la proliferación, metabolismo y supervivencia celular, así como su implicación en la resistencia a terapias endocrinas y quimioterapia.7,8,9 Estas alteraciones están presentes en aproximadamente el 50% de las pacientes, con una prevalencia cercana al 40% para mutaciones en PI3K.7 Además, pueden encontrarse tanto en tumores primarios como en enfermedad metastásica, e incluso en subtipos distintos al luminal.³
La Dra. Garnica también aborda el desarrollo de nuevas terapias dirigidas a esta vía, como capivasertib, un inhibidor de AKT que ha demostrado eficacia clínica. Estudios como FACTION y CAPItello-291 han evidenciado mejoras significativas en supervivencia libre de progresión, con una reducción aproximada del 50% en el riesgo de recurrencia y un beneficio absoluto de alrededor de 7.2 meses (en combinación con fulvestrant), lo que se traduce en mejores resultados clínicos para las pacientes.10
En conclusión, la integración de biomarcadores en la práctica clínica representa un pilar fundamental en el manejo del cáncer de mama, permitiendo una medicina de precisión que optimiza la selección terapéutica y mejora el pronóstico de las pacientes.¹⁻²
Referencias:
Gracias al apoyo educativo sin restricciones de AstraZeneca México
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