
La caracterización molecular ha transformado el tratamiento del cáncer de endometrio, consolidando la combinación de quimioterapia e inmunoterapia con dostarlimab como uno de sus pilares fundamentales como un nuevo estándar terapéutico capaz de lograr respuestas profundas, duraderas y mejoras sin precedentes en supervivencia, especialmente en tumores con inestabilidad microsatelital
El Dr. Eleazar Omar Macedo Pérez, oncólogo médico, Director de Investigación en Oncología, Arké SMO y en CITIO (Centro de Infusión, Tratamiento e Investigación Oncológica) en la Ciudad de México, nos habla sobre dostarlimab: redefiniendo el manejo del cáncer de endometrio en México.
El experto comenta lo siguiente:
Actualmente vivimos un momento decisivo en el abordaje de esta enfermedad. Durante muchos años, el tratamiento del cáncer de endometrio se ha sustentado únicamente en la clasificación histológica, diferenciándolo en tipo 1 y tipo 2. Sin embargo, hoy sabemos que la medicina de precisión ha transformado el paradigma del tratamiento oncológico en múltiples neoplasias y, en particular, el cáncer de endometrio también se ha beneficiado significativamente de la caracterización molecular. [1]
Gracias a las clasificaciones desarrolladas por TCGA y ProMisE, conocemos alteraciones moleculares específicas en el cáncer de endometrio, entre las que destacan la inestabilidad microsatelital y las mutaciones en POLE y P53. [1,2]
Precisamente, este enfoque sustentado en el perfil mutacional ha permitido replantear el tratamiento de esta enfermedad. En la actualidad, la inmunoterapia se ha consolidado como un pilar terapéutico en estos pacientes, modificando de forma significativa su expectativa de vida. [3,4]
Actualmente, considero que dostarlimab merece una mención especial. Este agente de inmunoterapia, combinado con quimioterapia en el estudio RUBY como tratamiento de primera línea, demostró un beneficio sumamente significativo en comparación con la quimioterapia sola. [4]
Estamos hablando de que, en las pacientes con inestabilidad microsatelital, el beneficio de este tratamiento es realmente extraordinario, con una reducción del riesgo de progresión superior al 70%, algo sin precedentes en el manejo sistémico de esta enfermedad. [4,5]
Además, también se observó un avance muy importante en supervivencia global. A los tres años, el 78% de las pacientes tratadas con esta combinación permanecían vivas, un hallazgo verdaderamente sobresaliente, particularmente en el contexto de tumores con inestabilidad microsatelital. [6]
Pero, ¿qué ocurre con las pacientes que no presentan inestabilidad microsatelital o que tienen tumores proficientes en la reparación de errores de apareamiento?
También en este grupo se ha observado un avance importante, con una mejora significativa en la supervivencia libre de progresión, que muy probablemente se traducirá también en un beneficio en supervivencia global. [4,6]
De esta manera, actualmente la combinación de quimioterapia e inmunoterapia cuenta con aprobación tanto para pacientes con inestabilidad microsatelital como para aquellas sin esta alteración. Si bien el beneficio es mucho más marcado en los tumores con inestabilidad microsatelital, también se ha demostrado una mejoría significativa y estadísticamente relevante en las pacientes sin esta característica molecular. [3,4,6]
Es importante destacar que esto modifica de manera importante el curso de la enfermedad, permitiéndonos obtener respuestas profundas y duraderas, con una adecuada calidad de vida, además de alcanzar respuestas completas en cerca del 30% de estas pacientes. [4,5]
Por lo tanto, el futuro del tratamiento del cáncer de endometrio es precisamente el que ya estamos comenzando a ver en la práctica clínica actual. La combinación de quimioterapia e inmunoterapia representa hoy una estrategia clave, y dostarlimab se ha consolidado como uno de sus pilares fundamentales. [3,4,6]
Aún existen varios retos y preguntas por resolver. Por ejemplo, entender por qué algunas pacientes sin inestabilidad microsatelital presentan respuestas extraordinarias a la inmunoterapia. Probablemente será necesario incorporar otros biomarcadores, como la carga mutacional tumoral. También quedan pendientes aspectos importantes por definir, como el papel de BRCA1 y BRCA2, el uso de inhibidores de PARP y la duración óptima del tratamiento. [3,5]
Sin embargo, es muy probable que muchas de estas preguntas encuentren respuesta en los próximos meses, conforme sigan madurando los estudios y se generen nuevos datos clínicos. [5,6]
Referencias:
Gracias al apoyo educativo sin restricciones de GlaxoSmithKline México.
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