
Ibrutinib ha marcado un cambio de paradigma en la leucemia linfocítica crónica (LLC), con beneficios clínicos duraderos demostrados en los estudios RESONATE y RESONATE-2, consolidándose como una opción clave tanto en primera línea como en recaída, con un manejo de toxicidades cada vez más optimizado
El Dr. José Ángel Hernández, hematólogo adscrito al Hospital Universitario Infanta Leonor en Madrid, España, nos habla sobre la leucemia linfocítica crónica en 1L: el impacto de ibrutinib en el cambio del paradigma terapéutico.
El experto comenta lo siguiente:
Ibrutinib surgió hace más de una década como una molécula innovadora y, de hecho, fue reconocido por la Organización Mundial de la Salud como uno de los medicamentos esenciales, siendo el primero de su clase como inhibidor de la tirosina quinasa de Bruton. Desde entonces, ha demostrado ser un fármaco de gran relevancia, no solo en el tratamiento de la leucemia linfocítica crónica, sino también en otras neoplasias hematológicas, como el linfoma de células del manto y la macroglobulinemia de Waldenström.
Sin duda, es en la leucemia linfocítica crónica donde se ha concentrado más del 70% de su actividad.
Esta historia comenzó hace aproximadamente 15 años con los ensayos clínicos RESONATE: el estudio RESONATE, en pacientes recaídos o refractarios [1] y el RESONATE-2, en pacientes en primera línea. De este último ya contamos con resultados a largo plazo, publicados por Jan Burger en la prestigiosa revista Blood. [2]
En este seguimiento a 10 años, la supervivencia global supera el 65%, situándose concretamente en el 68% de los pacientes, junto con una tasa muy destacada de supervivencia libre de progresión cercana a los nueve años. [2]
¿Qué ha ocurrido con este tipo de fármacos? Evidentemente, han transformado el paradigma de las enfermedades hematológicas en general y, en particular, de la leucemia linfocítica crónica, al ofrecer una alternativa sin las toxicidades características de la inmunoquimioterapia.
Han surgido nuevas toxicidades que es importante conocer, pero cuyo impacto puede reducirse hasta niveles muy manejables con la colaboración de otros especialistas. Por ejemplo, el apoyo de cardiólogos permite controlar mejor las complicaciones cardiovasculares. Del mismo modo, un enfoque multidisciplinar que incluya al propio paciente y a otros profesionales, como geriatras en pacientes de edad avanzada o farmacéuticos para valorar interacciones, resulta clave para optimizar el manejo.
En el contexto de recaída, los resultados del estudio RESONATE fueron presentados por el Dr. Munir en su análisis final, mostrando datos realmente llamativos¹. En pacientes con una mediana de tres líneas previas de tratamiento, se alcanzó una supervivencia libre de progresión de 44 meses, que llegaba hasta los 60 meses en aquellos con deleción 11q. Esta alteración citogenética, tradicionalmente de mal pronóstico, ha dejado de serlo con los nuevos tratamientos, especialmente con ibrutinib. Asimismo, se observó una supervivencia libre de progresión de 40 meses en pacientes con la deleción 17p o mutaciones en TP53. [1]
Por tanto, podemos concluir que ibrutinib en monoterapia continúa siendo un pilar del tratamiento y un estándar terapéutico, tanto en primera línea, en pacientes que no han recibido tratamientos previos, como en el contexto de recaída o refractariedad tras esquemas basados en inmunoquimioterapia.
Referencias:
Este contenido se basa en la interpretación crítica de la evidencia científica disponible, así como en la experiencia clínica del o los ponentes como profesionales de la salud en instituciones de referencia. Para profundizar en los conceptos discutidos, se recomienda al profesional de la salud consultar literatura científica vigente, guías clínicas internacionales y la normatividad aplicable en su país.
Gracias al apoyo educativo sin restricciones de Johnson & Johnson México.
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