
El Dr. Carlos González, oncólogo médico del Instituto Nacional de Cancerología en Ciudad de México, y el Dr. David Ancona, oftalmólogo del Eye Cancer Institute en Monterrey, Nuevo León, comparten un caso clínico que ejemplifica la relevancia del trabajo colaborativo entre oncología y oftalmología ante los efectos adversos emergentes vinculados a nuevas terapias dirigidas.1
Durante la conversación, el Dr. González expone el caso de una paciente de 52 años con antecedentes de carcinoma lobulillar infiltrante de mama, receptor hormonal positivo y HER2 negativo, diagnosticada en 2019. Fue tratada inicialmente con cirugía conservadora, biopsia de ganglio centinela, quimioterapia, radioterapia y tratamiento endocrino adyuvante.1
En diciembre de 2024, la paciente presentó disnea y dolor torácico. La PET-CT reveló recurrencia ganglionar supraclavicular y axilar izquierda, junto con múltiples lesiones pulmonares y compromiso en la mama izquierda. La biopsia confirmó un segundo primario: un carcinoma metaplásico triple negativo. Fue incluida en un protocolo clínico con un conjugado anticuerpo-fármaco (ADC) dirigido a Trop-2, en combinación con inmunoterapia.1
Desde el primer ciclo, presentó toxicidades frecuentes como alopecia, estomatitis y fatiga, todas grado 2. Sin embargo, en el cuarto ciclo comenzó a referir visión borrosa y ojo seco, lo cual concuerda con lo descrito en la literatura respecto al manejo del ojo seco asociado a terapias oncológicas2. El Dr. González inició tratamiento con lubricantes oculares y la refirió a oftalmología. En la evaluación oftalmológica se identificaron factores de riesgo adicionales, como el uso de antidepresivos y madarosis (pérdida de pestañas), lo que puede afectar la superficie ocular y aumentar el riesgo de infecciones o úlceras corneales 2.
El Dr. Ancona, al respecto, señala la necesidad de no subestimar síntomas oculares en pacientes bajo tratamiento con ADCs, ya que condiciones como el ojo seco podrían estar ocultando patologías más severas como la uveítis2, con potencial compromiso visual. Además, enfatiza la importancia de una referencia oftalmológica temprana ante signos de alarma como persistencia de ojo seco, enrojecimiento ocular o disminución de la agudeza visual 3.
Ambos especialistas coinciden en que, aunque las nuevas terapias han mejorado significativamente los desenlaces clínicos en oncología, también han traído consigo perfiles de toxicidad distintos. Estas situaciones exigen un enfoque multidisciplinario que incluya a la oftalmología como parte integral del equipo tratante, con el objetivo de preservar tanto la funcionalidad visual como la calidad de vida de los pacientes.
Referencias:
Gracias al apoyo educativo sin restricciones de AstraZeneca México.
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